· Mendoza, de de ·
Mendoza pasó de 20.000 a 5.000 hectáreas de olivares. Una fundación rescata ejemplares antiguos en fincas en desuso y ya logró salvar más de 10.000 árboles de la erradicación.
La pérdida del patrimonio agrícola de Mendoza encendió las alarmas en el sector agroproductivo. Tras reducir su superficie cultivada de 20.000 a apenas 5.000 hectáreas en las últimas décadas, la provincia enfrenta la erradicación constante de sus olivares tradicionales.
Frente a esta problemática, una iniciativa privada y comunitaria se puso al frente del rescate de olivos centenarios para evitar que terminen convertidos en leña.
El proyecto impulsado por la Fundación La Guardería de Olivos, creada por Gabriel Guardia, logró salvar hasta el momento más de 10.000 ejemplares centenarios. La estrategia consiste en articular entre propietarios de fincas inactivas que necesitan desmontar y particulares, desarrollos inmobiliarios, municipios o bodegas dispuestos a hacerse cargo del costoso traslado de las plantas para reubicarlas en nuevos espacios públicos y privados.
El fenómeno responde a una ecuación económica: los esquemas productivos antiguos resultan costosos e inviables frente a la olivicultura intensiva y moderna. Sin embargo, la preservación de estas estructuras centenarias cumple una doble función, salvaguardando la identidad histórica y cultural de la provincia al tiempo que aporta a la fijación de dióxido de carbono y el cuidado ambiental.
Asimismo, alianzas con comunas como Guaymallén permiten destinar los árboles rescatados a parques públicos, convirtiendo una pérdida productiva en un activo ecológico. La tarea busca convivir con la modernización de la industria aceitera, asegurando que la reconversión económica no destruya los árboles históricos de la región.